El mundo que viene: claves políticas, sociales y globales para 2026

INTRODUCCIÓN

Muy buenas amigas y amigos de Charlas del Siglo XXI, soy Miguel Franco y os doy la bienvenida a la última newsletter del año. Cerramos 2025 con una edición especial en la que repasamos cinco claves que marcarán el rumbo político, social y global de 2026.

Abrimos con el discurso de Nochebuena del rey Felipe VI, analizando sus mensajes más relevantes, el balance que hace de 2025, los retos que plantea para el nuevo año y las reacciones políticas y sociales que ha suscitado. A continuación, ponemos el foco en el nuevo ciclo electoral que se abre en España en 2026, con elecciones autonómicas clave que servirán como termómetro del clima político y podrían tener impacto a nivel nacional.

En tercer lugar, abordamos los grandes problemas de la Generación Z: la crisis de la vivienda, el desempleo juvenil y la salud mental, comparando la situación en España con la del resto de Europa. Seguimos con una mirada crítica al momento que atraviesa la Unión Europea, marcado por el auge de la ultraderecha, el euroescepticismo y el desapego ciudadano. Y cerramos con una panorámica sobre el futuro de las guerras en el mundo, en un contexto de conflictos prolongados, rearme y nuevas tecnologías militares.

Cinco temas, muchas preguntas y un mismo objetivo: entender mejor el mundo que viene. Nos leemos en 2026.

NOTICIAS

Felipe VI marca el pulso del 2026 desde Nochebuena: convivencia, desafíos y controversias

Retos y tono del discurso: advertencias claras para 2026

En su tradicional mensaje de Nochebuena, el rey Felipe VI destacó la importancia de preservar la convivencia democrática frente a los desafíos del momento, situando 2025 como un año de tensión política y social. El monarca alertó de que la sensación de “hastío, desencanto y desafección” entre la ciudadanía alimenta extremismos, radicalismos y populismos que pueden socavar la cohesión social y la confianza en las instituciones.

Desde el Salón de Columnas del Palacio Real, Felipe VI subrayó que la convivencia no es un legado eterno, sino una construcción frágil que requiere diálogo, respeto y ejemplaridad de las autoridades públicas. Además, conectó este mensaje con hitos como los 50 años de la Transición democrática y la pertenencia de España a la UE, enmarcando el futuro en un relato de unidad y propósito compartido.

Impacto social y momentos clave: un mensaje con gran alcance

El discurso navideño de 2025 no fue solo simbólico por su contenido, sino también por su audiencia y forma de conectarse con la sociedad. Según datos de audiencia, el mensaje alcanzó casi 6 millones de espectadores y más del 65 % de cuota de pantalla, consolidándose como uno de los más vistos del reinado de Felipe VI y superando incluso al año anterior.

Más allá del contexto formal, el rey incorporó referencias directas a problemas tangibles que preocupan a la ciudadanía —como el acceso a la vivienda, la precariedad laboral o la disrupción económica— y enfatizó la necesidad de responder colectivamente ante ellos, subrayando que la respuesta social ante tales retos no puede limitarse a meras palabras, sino que exige acción y cohesión.

Polémica y reacciones políticas: entre apoyo y reproches

La recepción política del discurso fue polarizada, reflejo de un país dividido ante los mensajes institucionales. Por un lado, PP y PSOE respaldaron enfáticamente las palabras del rey, resaltando su llamado a cuidar la convivencia, reivindicar la Constitución y reforzar la unidad democrática del país.

Por otro lado, fuerzas de izquierda como Podemos y Sumar criticaron el discurso por considerarlo desconectado de problemas reales como la desigualdad o la vivienda, e incluso hubo descalificaciones severas, como la de Ione Belarra calificando al monarca con términos polémicos. Formaciones independentistas también señalaron la ausencia de referencias históricas que, a su juicio, deberían haber estado más presentes. Asimismo, Vox optó por no pronunciarse, argumentando que no se “apropian” de las palabras del rey.

NOTICIAS

España entra en año electoral: las autonómicas que pueden marcar el rumbo político

Calendario y territorios en juego: un 2026 cargado de urnas

El año 2026 en España se abre con un intenso calendario de elecciones autonómicas que marcará el pulso político nacional. Las elecciones en Aragón están convocadas oficialmente para el próximo 8 de febrero de 2026, donde se elegirán los 67 escaños de las Cortes aragonesas tras la disolución del parlamento por la incapacidad de aprobar los presupuestos.

En Castilla y León, los comicios están fijados para el 15 de marzo de 2026, fecha límite para renovar las Cortes de la comunidad si no se adelantan. Por su parte, Andalucía tiene de plazo legal hasta el 30 de junio de 2026 para celebrar sus autonómicas, aunque aún falta que se concrete el día exacto. Este ciclo se produce tras las elecciones anticipadas ya celebradas en Extremadura en diciembre de 2025, que han iniciado la serie de test electorales.

Estas citas no solo decidirán gobiernos regionales, sino que constituirán termómetros para la política nacional, midiendo la fortaleza de PP, PSOE, Vox y los espacios a la izquierda del PSOE de cara a posibles escenarios futuros, incluidos unos eventuales comicios generales.

Encuestas y efecto Extremadura: ¿patrones que se repiten?

Los resultados de Extremadura han reforzado la idea de un cambio de ciclo favorable al PP, con un PSOE en retroceso y un Vox consolidado. Las encuestas en Aragón y Castilla y León apuntan en esa dirección: ventaja del PP, pero con necesidad de pactos.

Sin embargo, extrapolar resultados tiene límites. Cada comunidad tiene dinámicas propias, liderazgos distintos y problemas específicos. Andalucía, por ejemplo, presenta un escenario más estable para el PP, aunque con incógnitas sobre la participación.

Lo que sí se repite es una tendencia clara: la fragmentación de la izquierda, que dificulta disputar gobiernos incluso cuando el bloque progresista suma en votos.

¿Antesala de unas generales? El papel de la izquierda alternativa

Aunque oficialmente el Gobierno descarta un adelanto electoral, una cadena de malos resultados autonómicos aumentaría la presión política sobre el PSOE. No sería automático, pero sí condicionante.

Los partidos a la izquierda del PSOE afrontan un momento crítico: divisiones, marcas poco reconocibles y dificultades para traducir agenda social en votos. En Aragón y Andalucía concurrirán listas fragmentadas, lo que puede dejarlos fuera de la ecuación de gobierno.

Para 2026, el gran interrogante es si estas fuerzas lograrán recomponerse o quedarán relegadas, consolidando un escenario de bloques cada vez más desiguales.

NOTICIAS

Generación Z en jaque: vivir, trabajar y resistir en un sistema que no encaja

Vivir (o no vivir): la vivienda como principal barrera generacional

La crisis de la vivienda es hoy el mayor problema estructural para la Generación Z. En España se han impulsado medidas como el Bono Alquiler Joven, límites al precio del alquiler en zonas tensionadas o el aumento —todavía limitado— del parque público. Sin embargo, los efectos han sido desiguales y lentos, y el acceso a una vivienda digna sigue siendo inalcanzable para buena parte de los jóvenes con salarios bajos o inestables.

De cara a 2026, el reto sigue siendo incrementar la oferta, especialmente de vivienda pública y alquiler asequible, además de coordinar mejor a comunidades y ayuntamientos. Sin cambios profundos, la emancipación tardía seguirá siendo la norma y no la excepción.

En comparación con Europa, España está peor que la media: la edad media de emancipación supera los 30 años, muy por encima de países como Alemania, Francia u Holanda, donde hay más vivienda social y mercados de alquiler más regulados. El problema no es solo juvenil, pero golpea especialmente a esta generación.

Trabajar sin estabilidad: el laberinto del empleo juvenil

En los últimos años se han aplicado reformas importantes, como la reforma laboral de 2021, que ha reducido la temporalidad y aumentado los contratos indefinidos. Aun así, entre la Generación Z persisten salarios bajos, parcialidad no deseada y trayectorias laborales fragmentadas, especialmente en sectores como la hostelería o el comercio.

Lo que queda por hacer es clave: mejorar la calidad del empleo, reforzar la formación profesional, facilitar la transición entre estudios y trabajo y combatir la sobrecualificación. En 2026, el empleo juvenil dependerá mucho del crecimiento económico y de la capacidad de absorber talento en sectores tecnológicos y verdes.

En comparación internacional, España sigue entre los países con mayor desempleo juvenil de la UE, solo por detrás de algunos Estados del sur. Aunque la situación ha mejorado, seguimos peor que la media europea, donde el paro juvenil es más bajo y los sistemas de inserción laboral están mejor consolidados.

Salud mental: la crisis silenciosa de una generación

La salud mental se ha convertido en uno de los grandes retos sociales para la Generación Z. En España se han dado pasos como el Plan de Acción en Salud Mental, el refuerzo de líneas de atención al suicidio o el debate público sobre el bienestar emocional. Sin embargo, los recursos siguen siendo insuficientes, especialmente en atención primaria y salud mental infanto-juvenil.

De cara a 2026, el desafío es pasar del diagnóstico a la acción: más psicólogos en la sanidad pública, prevención en centros educativos y políticas que aborden las causas estructurales del malestar —precariedad, vivienda e incertidumbre vital—.

A nivel internacional, España no está entre los peores, pero tampoco entre los mejores. Países del norte de Europa invierten más y tienen ratios de profesionales muy superiores. La diferencia no es solo económica, sino política: mientras el problema crece, la respuesta institucional aún va por detrás del ritmo de esta generación.

NOTICIAS

La Unión Europea ante su encrucijada: entre el desapego ciudadano y la necesidad de reinventarse

Más distancia, más desconfianza: el auge del euroescepticismo

El euroescepticismo ha crecido en los últimos años alimentado por varias causas: la percepción de que la UE no responde con rapidez a los problemas cotidianos —inflación, vivienda o energía—, la gestión desigual de crisis recientes y la sensación de que las decisiones se toman lejos de la ciudadanía. Para muchos jóvenes y clases trabajadoras, Bruselas aparece como un actor abstracto, más normativo que protector.

Remediarlo exige resultados tangibles y mejor comunicación. La UE necesita demostrar que sus políticas mejoran la vida diaria: precios justos, empleo estable, transición ecológica sin costes sociales excesivos. También debe explicar mejor qué hace y por qué lo hace.

Si no se corrige esta brecha, 2026 puede consolidar una Europa más desconfiada consigo misma, justo cuando más unidad necesita para afrontar retos globales.

Ultraderecha, burocracia y una UE que no conecta

El auge de la ultraderecha en numerosos países europeos se explica, en parte, por la incapacidad percibida de la UE para ofrecer soluciones claras a problemas estructurales como la inmigración, la desigualdad o la pérdida de poder adquisitivo. Estos partidos explotan el descontento, simplifican los debates y señalan a la UE como culpable de todos los males.

A ello se suma la excesiva burocracia europea, que dificulta el acceso a ayudas, fondos y programas, especialmente para pymes, jóvenes o el sector primario. La falta de participación ciudadana y el desconocimiento de cómo funciona la UE refuerzan la idea de una institución lejana y elitista.

En 2026, el reto será frenar esta dinámica con políticas más comprensibles, ágiles y cercanas, antes de que el desapego se traduzca en más poder para quienes cuestionan el propio proyecto europeo.

Del campo a las urnas: protestas y retos urgentes para 2026

Las protestas de agricultores, ganaderos y pescadores, muy visibles en España, han puesto de manifiesto una fractura clave: muchos sectores sienten que la UE legisla sin entender su realidad. Normativas ambientales, acuerdos comerciales o exigencias burocráticas se perciben como injustas cuando no van acompañadas de apoyo económico suficiente.

La UE se enfrenta en 2026 a retos decisivos: reformar la Política Agraria Común para que sea más justa y sostenible, avanzar en autonomía estratégica, reforzar la democracia europea y fomentar una participación real de la ciudadanía, especialmente joven.

El futuro de la Unión no depende solo de tratados o instituciones, sino de algo más básico: volver a ser útil, comprensible y cercana para quienes viven y trabajan en ella. Solo así el proyecto europeo podrá recuperar impulso.

NOTICIAS

Guerras en 2026: ¿Hacia una era de paz o más conflicto global?

Ucrania y Rusia: desgaste, estancamiento y diplomacia contenida

La guerra entre Rusia y Ucrania entra en 2026 marcada por el desgaste militar y humano. Tras años de ofensivas, contraofensivas y ataques con drones y misiles, el frente se mantiene relativamente estabilizado, sin una victoria clara a la vista.

Estados Unidos y la Unión Europea siguen siendo actores clave, tanto en el apoyo militar a Ucrania como en los intentos —todavía frágiles— de explorar vías diplomáticas. Rusia, por su parte, mantiene una posición dura y rechaza concesiones territoriales.

El escenario más probable para 2026 es la continuación del conflicto con negociaciones parciales, más orientadas a congelar el frente que a cerrar una paz definitiva.

Israel-Palestina: alto el fuego frágil y conflicto estructural

La guerra entre Israel y Palestina, especialmente en Gaza, ha dejado una devastación humanitaria enorme. Tras meses de ofensivas, bloqueos y desplazamientos masivos, los intentos de alto el fuego han sido intermitentes y frágiles.

Estados Unidos mantiene su apoyo a Israel, mientras la UE y la ONU presionan por corredores humanitarios y una solución política, aunque con escasa capacidad de imponer acuerdos. El reconocimiento internacional de Palestina y el debate sobre los asentamientos siguen tensionando el escenario.

En 2026, todo apunta a una desescalada inestable, sin resolver las causas profundas del conflicto, lo que mantiene abierta la posibilidad de nuevas explosiones de violencia.

Más conflictos, más armas y la guerra del futuro

Más allá de estos dos grandes focos, el mundo sigue acumulando guerras en Sudán, Yemen, Sahel, Congo o Myanmar, muchas invisibilizadas pero con consecuencias devastadoras. Los datos muestran un aumento global de conflictos armados en los últimos años.

A ello se suma una carrera armamentística acelerada: más gasto militar, más exportación de armas y un uso creciente de inteligencia artificial, drones autónomos y ciberataques. La guerra del futuro será menos visible, pero más tecnológica y difícil de regular.

El gran reto global para 2026 no es solo frenar guerras concretas, sino evitar que el conflicto se normalice como herramienta política.

¡Esto es todo por esta semana!

Gracias por seguir ahí. Volvemos la próxima con más. ¡Hasta pronto!

P.S.

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